Toluca, Estado de México
 
     
   

 

 

 

 
 

DE TU ARTE A MI ARTE

Por: Felipe Ocañaa (felipemx@rockmx.com.mx)

DEBRAYANDO ANDO

Vivir en el arte y por el arte es deambular en un estado permanente y absoluto de insatisfacción, es procurar navegar despierto por encima de un casi perpetuo orden encumbrado por cronos, es revelarte ante el espejo como un enemigo silencioso del tiempo e hipócritamente hacerlo tu cómplice para buscarle en un vericueto de distracción/introspección islas donde plantar nuevos formatos de análisis y contemplación respecto a la vida y los individuos que voltean a ver la danza acompasada de rutas alternas cargadas de un lenguaje no convencional.

Es una deliberada interrupción en los ritmos monótonos de vida, en el maratón social que celebra la ruta vertiginosa hacia la muerte mientras en grupo nos catapultamos al vacío cargados de propósitos de vida que retóricamente moldeamos como sociedad para sustentar y justificar un estéril paso por la tierra. Es el canto por el mundo, es grito, y redoble cuando el metrónomo de nuestros propios corazones aprende un ritmo heredado, estudiado, aprobado; es el virus espiritual que flota en el aire, que contamina organismos dispuestos, que permanece aletargado cuando hay oídos sordos y ojos que no desean ver, es un factor cultural antes celado que ha sido liberado indiscriminadamente y que contamina simios en traje trendy mientras departen vino importado a sus aletargados seguidores.

Es nobleza en su sentido más humanitario y debería ser tempestad, huracán; el vórtice cinético que caracteriza al tiempo actual no precisa concesiones y discursos con métrica melódica que a nadie interesa, ni es alzar la voz en un sitio donde todos gritan. El momento actual es un estado de Psicosis colectiva, donde plagados de fantasmas virtuales y soluciones desechables nos encumbramos creando residuos de satisfactores abandonándolos automáticamente uno tras otro. El arte debería ser la restitución de aquella imagen de culto que eclipsó un día, la restitución paterna de una figura que se ocultó gradual pero brutalmente en el planeta; el crisol respetable, amado, donde los ideales coronan objetivos de vida y recrean un tiempo con más calidad que cantidad.

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