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Por .Francisco Zamudio ....................................................................................................................Fotos: Francisco Zamudio
Kilométrica, en verdad kilométrica resultó ser la cuarta edición del Festival El Rock Nos Une, la cual se escenificó el sábado anterior, o mejor dicho, los pasados sábado y domingo 17 y 18 de octubre, ya que las últimas notas de “¿A dónde van los muertos?” disparadas por el grupo estelar de esta larga sesión de rock mexicano, Kinky, fueron recibidas por un semivacío Centro de Convenciones de Tlalnepantla pasadas las tres de la mañana. Salvo ese pequeño-gran detalle, ¿qué más aconteció? He aquí el parte de guerra.
TARDE DE FRÍOS VIENTOS
Ubicado en la esquina que forman las calles Roberto Fulton y Mario Colín, en Tlalnepantla, Estado de México, el Centro de Convenciones ya registraba para las tres y media de la tarde, aproximadamente, un aforo que sobrepasaba la mitad de su capacidad, línea que no conseguiría sobrepasar conforme avanzaba un evento que para las 4 en punto, recibía a una de esas bandas que con su propuesta, consiguen sorprender a las primeras de cambio.
El grupo se llama Rarezas, y su myspace oficial dice que está compuesto por Pepe en la batería; Comander en las guitarras, jarana y voz; Judas en el bajo y Chuchín en las guitarras. Dentro de su propuesta sónica, confluyen lo mismo el huapango que el son jarocho, y la música prehispánica con un rock que en momentos se escucha básico, pero que sin previo aviso pronto suele cambiar hacia un estilo más enraizado con el progresivo. Lo anterior consigue atraparte casi al instante, dada la corta edad de los músicos.
Pero además, en escena se hacen acompañar por un puñado de bailarines que le zapatea con singular alegría al feeling jarocho, así como se pone más solemne, al momento en que desde el escenario son invocados los espíritus de la Gran Tenochtitlán. Al término de su actuación, la gente pidió a gritos una rola más. Y aunque los tiempos no lo permitieron, quedó en el ambiente la promesa de una banda cuyo quehacer, si lo llevan a niveles superiores, en unos años más podrá pelear por un sitio con agrupaciones tipo La Barranca.
Y mientras dentro del recinto el calor propio del roce entre los cuerpos invadía el todo, afuera un viento helado comenzaba a fustigar el cascarón de concreto. Las nubes, cuya conjunción en el cielo las hacía obtener una tonalidad cercana al negro, se acercaron sigilosamente sobre esa zona fabril de Tlalnepantla donde está ubicado el foro, hasta que una chispa eléctrica abrió sus compuertas, para dejar caer un aguacero de pronóstico reservado. |
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PROBLEMAS EN LOS TIEMPOS
Tras la mexicanidad que regó Rarezas sobre el stage, llegó “la barredora” anglo de Sunburst. George, Josué, Lalo, Mike y Carlos dejaron un ejemplo claro de la diversidad lingüística sobre la que se mueven los nuevos grupos del rock mexicano, cambios que se pueden hacer notar incluso en una sola actuación, ya que la banda fue de interpretar “Shine on your own” en inglés, hasta el uso del castellano en “Hasta el sol”. Un grupo en busca de un estilo, de una discográfica, y demás utensilios y herramientas que les permitan en el futuro conseguirse un puesto en la demandada escena nacional.
La pluralidad entre corrientes, estilos y formas que se mostraron en El Rock Nos Une, se trasladó también a los géneros. La presencia femenina se hizo presente a través de Quinto, agrupación de rock intrínsicamente ligado con la melodía, quien en su alineación cuenta con Beli en la batería y Eli en la guitarra. Roy, Fer y Sergio en la voz, completan el roster de este proyecto nacido en el 2007, quienes a través de rolas como “Terminal”, “Imaginación” y “Señorita vanidad”, uno de los temas que formó parte de su set list, también son capaces de aventarse al ruedo del rock mexicano.
Julián Plascencia, al frente de su Disco Ruido, continuó la fiesta gracias a ese proyecto multimedia, donde se entrelazan las vibras extraídas de cualquier evento de música programada a través de un DJ Set, pero también se siente la fuerza orgánica de una banda de rock con una formación de guitarra, bajo, batería y teclados. Envueltos en sus capuchas de sudadera, Nariño, Cor, Peto y los demás, liderados sobre el tablado por Mercedes, envuelta en un traje negro tipo-astronauta, con casco incluido, concluyeron su puesta en escena con “Mrs. Love”, el “tema maldito” que por un lado les otorgó reconocimiento de parte del público, pero que por otro no podrán editar nunca en un álbum, ya que está afincado en un largo sampleo de “You know my name, look up the number”, original de Los Beatles, banda “insampleable” entre las que las haya. Ahora que si tienen más de 100 mil dólares por los derechos, aunque ni así…
Desafortunadamente para el ritmo del evento, a partir de entonces el cambio entre grupo y grupo, comenzó a llevarse una insufrible cantidad de tiempo. Los primeros en sentir las restricciones de los ajustes que se tuvieron que hacer para actuar fueron Los Daniels, una de las agrupaciones más esperadas de la noche, sobre todo por las féminas, quienes corearon a rabiar cortes como “Te puedes matar”, “Really sex”, una rola seguramente inspirada en La Maldita Vecindad del tiempo de Don Palabras, o “Ficción”. Aún con todo y el recorte de minutos, Ismael Salcedo no estaba dispuesto a irse sin darle un “regalo extra” a sus fans, así que en un momento determinado se bajó del escenario, para irse a “surfear” entre los brazos de sus admiradoras.
A LA MICHA…
Acto seguido le tocó el turno a Ricardo, Félix, Erick y Lalo, agrupados bajo el nombre de Indie (o INDN), tratar de reencender el ánimo dejado por Los Daniels. Lo intentaron con una propuesta de extremos entre el rock alternativo y el metal, pero no lo consiguieron. Para su buena suerte, y mientras “la banda” pedía sobre todo la presencia de Dildo en el escenario, al menos fueron escuchados, sin que ningún proyectil con malas intenciones cruzase el stage con miras a “bajarlos” a como diera lugar. Tienen un largo sendero a recorrer.
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La adrenalina retornó con la presencia de los chilenos más mexicanos de los últimos tiempos, Los Bunkers. Álvaro López detrás del micrófono, Mauricio Basualto tras la batería, Francisco y Mauricio Durán en las guitarras y Gonzalo López al bajo, no escatimaron a la hora de enviar sus mejores temas, incluidas “Miéntele” y “Llueve sobre la ciudad”, tema con el que el CC De Tlane comenzó a moverse en un temblor oscilatorio de varios grados Richter. “Una nube cuelga sobre mí”, track donde las marionetas del programa televisivo 31 Minutos son las co-estrellas dentro de su clip promocional, también formó parte de un set que se hizo acompañar de algunos muñequitos de dicha serie diseminados entre la audiencia. Para nuestro rockero infortunio, también entonaron un cover a Los Ángeles Negros de una rola por demás apestosa. Lo trágico del asunto fue que casi todos se la sabían y la cantaban con especial sentimiento.
¿Quién dijo que el ska estaba muerto y enterrado? Una vez que el Salón Victoria se posó sobre el tablado, la gente se volvió cuasi-loca con un gigantesco slam que no paró en “Si tu boquita fuera”, donde el cantante, Héctor Carrillo, invitó a todas las chavitas a subirse en brazos de “sus machines” para que las pudiéramos observar moviéndose cadenciosamente mientras cantaban “Si tu boquita fuera, de chocolate, yo me la pasaría, bate que bate”. La intensidad entre músicos y audiencia no bajó ni siquiera con el mid-tempo de “Sol de medianoche”. Para muestra un botón, dicen los ancestros, y el Salón Victoria salió a demostrarle a la escena el arrastre que todavía posee este bailable estilo entre las tribus urbanas. |
Si se hablara en términos estrictamente literales, el momento en que, y tras más de media hora de cambio de instrumentos, cables y batería, apareció Dildo en escena, ya se había cruzado la línea divisoria de la mitad del show. Empero, fue la banda de Paco Familiar, Erick Neville, PJ Hansen y Rodrigo Vieyra, la última agrupación que fue vista por al menos el 90% de la audiencia que se dio cita en El Rock Nos Une. Y es que Cronos le había ganado ya la batalla, a esa hora, a los organizadores. A partir de ese momento, por el lugar podrían verse deambular a varios chavos y chavas bastante bebidos (uno que otro dormido de la peda), mientras que al final de un show donde se escuchó “Suicidio número 3”, “Un vicio caro es el amor” y “Ventura”, pudo apreciarse el buen momento que vive Dildo, gracias a la atronadora ovación con la cual fueron despedidos.
EL FINAL DE FINALES
Una vez más, los minutos se acumularon uno a otro, hasta formar una gruesa pared de espera. Para ese entonces, “la banda” comenzó una “Guerra de vasos” de cerveza que vista a la distancia se apreciaba hasta inocente inclusive, pero ya de cerca se apreciaba que no era precisamente cartón el material primordial de los receptáculos de Baco, sino un plástico más o menos “pesadón”. Una de esas neo-flechas, impactó contra la sien de una chica, quien llegó corriendo al servicio para damas con la sangre escurriéndosele entre sus dedos, en tanto que los servicios médicos brillaron por su ausencia. Fue el equipo de seguridad del evento quien se hizo cargo de la chava, hasta que el peligro pasó por completo.
Y mientas todo esto sucedía, finalmente las luces iniciaron un lento proceso de difuminación para recibir agónicas a La Castañeda. Siempre será un placer audiovisual escuchar a Salvador Moreno entonar clásicos ya del rock mexicano como “Cautivo de la calle”, mientras a sus espaldas, Producciones Garra le concede al público una maravillosa puesta en escena. Primero fue una escultural dominatriz quien provocó en más de uno sendas erupciones hormonales. Mientras jalaba a una fosforescente salamandra gigante por el escenario, la chica de pechos turgentes coronados por estrellas dejó una estela pasional que siguió su curso mientras Chava cantaba “La fiebre de Norma”.
Sólo que esta vez sería una chica de torva y perdida mirada, quien se pasearía sobre las tablas azotándose una y otra vez, mientras dejaba al descubierto aquello que traía guardado bajo una blanca túnica. “Cenit” y “Transfusión”, edificaron el marco idóneo para la conclusión de un verdadero espectáculo donde también apareció un hombre mosca gigante y una “señora muerte” con su guadaña afilada, lista para continuar con la triste labor para la cual nació.
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El cansancio en los rostros del público denotaba el kilometraje transcurrido hasta entonces. Un nuevo día había ya checado su hora entrada hacía rato, al momento en que desde “la tierra del tequila” apareció Cuca. No había margen para más, así que uno tras otro, grandes éxitos del grupo tipo “Alcohol y rock and roll”, “La pucha asesina”, “Implacable”, y “La balada” entre otros, se sucedieron en auténtica fila india. Un José Fors inspirado, le recordó a todo el personal mientras presentaba a Galileo Ochoa, Carlos Avilés y Nacho González, que QK cumplirá nada menos que 20 años de haberse fundado en Wanatos City. “El son del dolor”, con su interludio a la cubanísima “Son de la loma”, fue escogida para dar la despedida, en espera de lo que seguramente vendrá para el 2010, con motivo de dicho festejo.
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Ahora sí, tras otros 45 minutos de despliegue técnico dadas las características escénicas de Kinky, el último jalón de El Rock Nos Une se llevó a cabo. Ya pasaban de las 2 de la mañana del domingo, y Gil Cerezo, Carlos Chairez, César Pliego, Omar Góngora y Ulises Lozano arrancaron su tocada con “Hasta quemarnos”, para de ahí llevar al respetable por un viaje electroacústico donde “Más”, “Presidente” (rola donde en la pantalla de leds comenzaron a desfilar personajes tristemente célebres para el país como Gustavo Díaz-Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo o Carlos Salinas de Gortari), “Ejercicio 16” y la ya mencionada “¿Adónde van los muertos” se metamorfosearon en la banda sonora de una triste pista de baile.
¿Se puede estar triste con Kinky en el escenario? No, la tristeza provenía de observar un Centro de Convenciones de Tlalnepantla casi vacío, donde sólo los die hard fans de la banda, los borrachos y aquellos quienes ya no podrían obtener ninguna clase de transporte público para regresarse, conformaban el auditorio ante quien Gil Cerezo manifestó: “Esta es nuestra primera vez en Tlane, gracias”, antes de dar por concluido el maratónico evento.
Esta vez, los organizadores de El Rock Nos Une, debieron haber estudiado un poco el gran reventón de rock urbano que se celebró ahí mismo hace no mucho tiempo, en el cual se montaron dos escenarios para que la fiesta no se detuviera bajo ninguna circunstancia. Ahora a esperar la siguiente edición de un evento donde también se anunció a un grupo que nunca se presentó (Los Amigos Invisibles), para saber si hubo lecciones aprendidas. |
OPINA DE LA NOTA
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