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Fotos: Por Francisco Zamudio
México, D.F., febrero 10, 2012 (Francisco Zamudio/Enviado). El viejo refrán que dicta “los clásicos nunca pasan de moda”, fue rubricado nuevamente el 28 de enero pasado, con la explosiva actuación en el D.F. de Ritmo Peligroso, grupo que se encuentra en plena etapa de redescubrimiento con sus fans capitalinos, tras una etapa de reacomodo personal de algunos de sus músicos.
Poquito después de las 10 de la noche, sobre el escenario del Rock And Road Pool Bar, un sitio que desde su apertura ha recibido a toda una constelación de bandas clásicas; aparecieron los miembros del Ritmo Peligroso 2012, para tomar sus posiciones ante el etéreo pentagrama que se comenzaba a dibujar en el oscuro ambiente del lugar.
Porfirio “Piro” Pendas, Avi Michel, Jorge Bautista, Jorge “El Gato” Arce, Manny Murillo, “Moongoose” Ávila Costa y Sebastián Cortés, cargaron sus armas sónicas, las apuntaron sigilosamente hacia las almas y los cuerpos de todos los presentes en el bar, y dispararon sin piedad sobre la carne, el espíritu y la conciencia de quien quisiera escucharlos, las ardientes balas de “¿Pa’qué violencia?”.
Para haber sido escrita y grabada a fines de los ochenta, la letra de dicha canción se adelantó al menos 25 años en el tiempo, al describir con horror la situación por la cual atraviesa nuestro país: “¿Qué es lo que sucede? Veo que algo se mueve, yo no sé qué pasa. Gente disparando, hay una guerra y no estamos solos” canta Piro con cierto dejo de preocupación, antes de que la rola estalle en luces de colores afrocaribeños, y la gente olvide el trasfondo lírico para ponerse a bailar.

“Tráfico” y “Rock del tercer mundo”, canción contenida en uno de los álbumes imprescindibles de la banda, el En La Mira, formaron parte de un rompecabezas sonoro de alma afrolatina, tal cual es la propia aura de un grupo que rompió con su pasado punk, para transformarse también en pionero, al menos en México, de la superposición rítmica entre el rock y los ritmos afroantillanos.
“Esta noche” y “La peligrosa”, extraídas ambas del Matacandela, último disco de larga duración grabado por la banda, editado en el 2001 y producido por Sabo Romo, sonaron antes de que una de las gemas de la discografía de la banda, de esas que nunca faltarán en un show de Ritmo Peligroso, hiciera acto de presencia.
“Contaminado”, esa canción de protesta ante la falta de una cultura para manejar la basura y el ruido que asfixia al Distrito Federal desde hace varias décadas, sonó por todos los rincones del Rock And Road.
Llevó entre sus líneas escritas esa molestia por no haber solucionado, como sociedad, todos esos problemas inherentes al crecimiento desmedido de la megalópolis, la cual amenaza con colapsar sobre sus propios vicios, su propia corrupción y su falta de una planeación adecuada.
“Amor en América”, y “Abandono”, quedaron para el recuerdo antes de que iniciara su viaje desde los instrumentos hacia los altavoces, de la tercia de canciones más celebradas durante la noche de aquel sábado 28 de enero.
Todo comenzó con “Revolución”, del álbum En La Mira, con su mensaje anti-castrista a ritmo de ska (“Con engaños y mentiras me lograste convencer… Hoy te burlas en la cara, de quien te ayudó a vencer); continuó con otra infaltable de ese capítulo libertario de la historia de América llamada “Marielito” (Piro nació en Cuba, y sus familiares sufrieron la transformación de Fidel Castro de libertador a dictador), y concluyó con otro de sus más grandes hits: “Déjala tranquila”.
Piro y compañía no le dieron tiempo a la gente ni siquiera de secarse el sudor. La última interpretación de la noche se desplegó con la adrenalina al tope; las manos de Michel y “Moongoose” apretaban sus cuerdas a gran velocidad acompañados de la metralla salida de los golpes a las percusiones, mientras “Algo va a suceder” transcurría con la fuerza de un tifón sin control.
Para los que pensaban que Ritmo Peligroso sólo vivía de sus inolvidables del pasado, la banda les hizo sonar a través de las bocinas una canción nueva, intitulada “La chica bronca”.

Y aunque el título como que no es muy común en el trabajo del grupo, la música que envuelve a la canción se metamorfoseó en una muestra de poder afro-rockero. Los cueros se estiraron a mil con los auténticos martillazos que recibían de las manos de los percusionistas, mientras la demás instrumentación, incluida la voz de Piro, empujaba hacia adelante con poder, mucho poder.
El ‘grand finale’ llegó con otro clásico: “La guerra acaba”, para la cual se anexó a la escenografía escénica nada menos que Sax, ex saxofonista de La Maldita Vecindad, con quien realizaron una sinergia un poco empañada por el staff del grupo. Y es que Sax batalló durante una parte de la rola para encontrar un micrófono despejado para su instrumento.
Tras haber solventado el inconveniente, todo fluyó de manera natural, limpia, sónicamente ensamblada en esos pentagramas etéreos que el viento lleva hasta los sistemas auditivos, el corazón y el alma de quien los escucha.
Ritmo Peligroso no se ha ido nunca. Empero, pareciera que la banda todavía tiene el gas suficiente para reconquistar a su público, y ¿por qué no? Traspasar nuestras fronteras con esos sonidos que han hecho bastante más famosos a otros, y no a los pioneros.
“Los clásicos nunca pasan de moda”, dice la conocida sentencia popular, y Ritmo Peligroso lo acaba de rubricar una vez más, a la espera de que todos estos años de luchar en aguas turbulentas, les concedan el lugar que se merecen por sus contribuciones al rock mexicano.
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