UNA NOCHE EN MONTERREY

Por .Francisco Zamudio (zamudio@rockmx.com.mx)........................................................................Fotos: Francisco Zamudio

Todo inició el lunes pasado durante mi programa de radio (www.myspace.com/rockconexion de lunes a viernes, de 5 a 7 de la tarde, por cierto). Un amigo de toda la vida me contactó en el messenger, y después de charlar un rato, me dijo, "¿quieres venir a Monterrey a la presentación del primer disco de una banda nueva?" Al principio pensé que iba a “cotorrearme” o algo por el estilo, así que le escribí en tono serio: “a menos que me lleves en avión y mandes una limosina por mí… sí voy”. Por supuesto me reí de inmediato.

Finalmente la propuesta iba en serio así que acepté, y dos días más tarde estaba volando hacia la llamada Sultana Del Norte. Tenía un rato sin subirme a un aeroplano, así que mientras ponía a funcionar en mi cerebro los mecanismos inhibidores “del pavorcito” que genera el pasar justo en medio de una zona de turbulencia, observé a través de la ventanilla, y me quedé maravillado con la hermosa vista abierta de par en par ante mis ojos.

El cielo a más de 30 mil pies de altura (poco más de 10 mil metros), parece un infinito mar blanco, ilusión óptica creada por la kilométrica masa de nubes sobre la que vas deslizándote. O también se asemeja a una monumental pista de hielo, hacia donde quisieras poder escabullirte y correr hasta perder el aliento. Empero, el que por naturaleza no podamos volar y la temperatura afuera del avión sea de unos -15 grados centígrados, te arrebatan todas las ganas de intentar algo más que… abrocharte bien el cinturón de seguridad.

ANGORA EN CONCIERTO

Tras el protocolo de bienvenida de SM Records, naciente sello discográfico independiente con sede en Monterrey, así como una escapada al hotel para el “shower” de rigor, y que no digan que además de todo los chilangos somos apestosos; nos fuimos en comitiva hacia el Rose, un antro bastante cómodo y acogedor, ubicado (en mi perspectiva como fuereño) detrás del Cerro de la Silla, para ser partícipes de un rito rockero de iniciación.

Poco antes de las 11 la noche apareció sobre el escenario Angora, banda de chicas conformada por Paty Lynn, Nayelly Pérez, Argentina Elizalde y un baterista invitado, ya que Gaby Popper, quien originalmente masacra los tambores, no pudo asistir a la presentación oficial de Esta Vida, el primer larga duración de un grupo cuyo quehacer musical, arrojó como resultado una moneda suspendida verticalmente en el piso, sin caer hacia ningún lado.

Y es que mostraron a su favor dos cosas: La primera y más impactante es sin lugar a dudas su fisonomía estética. Paty, poseedora de un bello rostro enmarcado entre finos rasgos orientales, salió “vestida para matar” enfundada en un chaleco negro de piel, así como un pantalón de seda (o satín) moteado a la manera de los leopardos, en tanto que Argentina lució un look de “femme fatale”, y Nayelly algo rockero rematado con una corta falda de tigre blanco.

La segunda, es que demostraron habilidades instrumentales. Pero les faltó bombardear con todo su arsenal a invitados, amigos y familiares. ¿La razón? Angora se encuentra en la transición entre ser una banda de covers que toca el material de alguien más, frente a un público cautivo que sólo busca diversión momentánea al calor de la bebida, y convertirse completamente en una agrupación de temas propios examinada por la óptica de los profesionales, llámense medios o todos aquellos músicos quienes acudieron a la fiesta.

Gente de distintos grupos regios confluyó en el show de Angora. Por ahí saludamos a Jonás de Plastilina Mosh, Gerardo Galván, bajista de Volován, a Jáuregui, quien nos concedió una entrevista que publicaremos pronto en ROCKMX, a gente de Panda, de Ranchoe, de Cráneo, así como a Jay de la Cueva, baterista de Fobia, quien fue invitado ex profeso para “darles la patadita de la suerte” a las chavas”… Aunque nunca se movió de su asiento.

Rolas como “No haces falta”, “Volver a empezar”, “No me puedo apartar” y “Ya no es igual”, primer single editado de Esta Vida, entre otras, formaron parte de un set list energético, festivo, soportado con una superposición rítmica afincada en el rock pop. Empero, a la chavas de Angora les ganó el miedo, y tras ofrecerle a la concurrencia atisbos de espectacularidad, como el momento donde Argentina y Nayelly “sacan chispas” de sus instrumentos tal cual Ace Frehley lo hacía con Kiss, se retiraron sin ofrecer ni siquiera un encore.

Presencia escénica así como buenas artes musicales, deben en un futuro cercano imponerse sobre falta de experiencia y acartonamiento. Y lo anterior está en la carretera, en todos los viajes posibles que puedas realizar mientras tocas hasta sangrarte los dedos. Mientras tanto, es justo otorgarle a las chicas de Angora un voto de confianza: Tienen ahí algo de madera pero les falta tallarla, barnizarla, darle forma para metamorfosearla en una obra valiosa.

QUE SIGA LA FIESTA

Por un momento, arropados bajos los humos del cigarrillo (en Monterrey no pesa la fascista prohibición de fumar en los antros como en el “defectuoso”), el delicioso sonido del trueno que el Dios Rock nos regala a través de las bocinas, y la efervescencia propia de las burbujas del alcohol en la boca, pensamos que con la actuación de Angora todo había concluido. Estábamos equivocados...

Enseguida subió al entarimado Bagre, una banda que ya nuestros carnales de Ranchoe, en una visita al DF., nos habían recomendado como de lo mejor del underground regiomontano. No se equivocaron: Martin Grant al bajo y la voz; Adrián Lazcano en la guitarra y el sintetizador y Alfredo Ríos en la bataca y los samplers, crisparon el ambiente gracias a electrizantes cargas de electro-rock.

Con un sombrero de ubre, o una versión moderna quizá del pasamontañas de cresta patentado por Rubén Albarrán de Café Tacvba hace algunos años, en su personaje del Gallo Gass; Grant condujo durante poco más de media hora un viaje ácido compuesto por beats electrónicos y golpes orgánicos que encuadraron un muestrario lírico interpretado casi en su totalidad en inglés.

Se habla de que el grupo será el siguiente lanzamiento de SM Records.

Al “chico rato” llegó Cinema, banda cuya propuesta está edificada en el rock, el brit pop, la melodía, y en todos aquellos elementos que le confieren un status de “banda divertida”.

Se nota que están pagando el precio de su novatez. Y para cerrar en el mero “dancing” llegaron Los Aldeanos, grupo de after hours ideal para bailar, beber y mecerse al compás de reversiones a, entre muchos otros clásicos: “Come together” de Los Beatles, “Suzie Q”, original de John Fogerty en los Creedence Clearwater Revival o “Light my fire”, de Los Doors.

Lo que hace diferente a Los Aldeanos de otros grupos de covers, es que todas sus reversiones están filtradas desde el funk en base a un elaborado trabajo de percusiones, lo cual le da un toque sabroso a su actuación, de festejo, de ritmo y pachanga. Una festividad por cierto que a las 3 de la mañana ya requería de una inyección. Pero no de drogas, sino de sueño, al menos una pequeña con el suficiente poder para escapar de las somnolientas garras del cansancio, y poder llegar a las 9 al aeropuerto justo para emprender el regreso a casa.

Otra vez, Monterrey deja de manifiesto que continúa investido como uno de los puntos neurálgicos del rock en nuestro país. Habrá que organizar otra expedición hacia territorio norteño -por supuesto una de larga duración-, y conocer más de todo lo que se cocina en el rock and roll surgido desde las regias entrañas del estado de Nuevo León.

Publicado el 30.11.2009

 

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