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Por: Francisco Zamudio (zamudio@rockmx.com.mx)... ........ .Nota Publicada el 16-Noviembre-2011
Diversos apuntes de psicología, asientan que “Cada fracaso en la vida es una oportunidad para aprender y corregir, y que esos mismos fracasos son parte esencial del éxito”. Hasta aquí puede llegar cualquier manifiesto de algún “Club de optimismo” que te puedas encontrar por el camino. Sin embargo, las letras chiquitas de dichos preceptos, nos hablan de un círculo vicioso a nivel emocional llamado “Miedo al fracaso”. Dicho sentimiento te provoca una parálisis que te conduce al estatismo; el cual genera una baja de autoestima tal, que te lleva de regreso al miedo. Eso fue precisamente lo que le pasó al ex cantante de Moenia y Morbo, Juan Carlos Lozano, quien nos platica de esa amarga experiencia, en un ejercicio de “honestidad brutal” que puede estrujarle el corazón a cualquiera.
"En algún momento comencé a darme cuenta de lo destructivo que se volvió para mí no hacer música, y decidí regresar y hacer este disco”
RockMx: ¿Por qué resolviste parar tu carrera por seis años?
Juan Carlos Lozano: La verdad, por miedo. El disco anterior lo produje con Yamil (Recz) y musicalmente aprendí muchísimo, pero comercialmente fue un fracaso fuerte. Yo tenía un concepto del fracaso muy limitante: de que era lo peor que te puede pasar en la vida, lo cual es una pendejada.
Después de ese disco decidí no volver a publicar otro en mi vida. Pensé que no iba a volverlo a hacer, todo por no reconocer que lo que tenía era miedo al fracaso. En algún momento comencé a darme cuenta de lo destructivo que se volvió para mí no hacer música, y decidí regresar y hacer este disco.
¿Por qué Electroguitarpop (2004 n. de la r.) no alcanzó los estándares comerciales que buscaban?
¿Por qué este disco no jaló como yo hubiera querido? La realidad es que… no sé. Es difícil saberlo a ciencia cierta. Cualquier cosa que te platique va a ser una historia inventada por mí.
Si quiera buscarle ciertas hipótesis, te diría que tiré la toalla muy rápido. Tuve la arrogancia de decirle a la disquera, “¿no quieres promocionar este disco como yo quiero que lo hagas? Entonces dámelo y yo lo voy a promocionar. Te voy a enseñar cómo se promociona un disco, disquera”.
Y de ahí el madrazo. Promocionar un disco es un arte, se requieren de muchísimas habilidades que en ese momento ni Yamil ni yo teníamos. Te puedo contar ene-mil historias que me hagan sentir bien o mal, pero la realidad es que pasó lo que tenía que pasar. A lo mejor el disco nunca gustó.
¿Qué hiciste en el tiempo en que te alejaste?
Seguí haciendo cosas pero de forma terapéutica. Ni siquiera podía oír lo que componía porque me negaba a regresar. Estuve haciendo música para los proyectos de mi hermano que es director de cine, y empecé a dedicarme a cosas que no tenían nada que ver con la música, como huyendo de ella.
Luego me invitaron a un proyecto que fue muy emotivo para mí, porque tuve este reconocimiento de lo importante que para mí era hacer música, y resultó más incómoda la idea de no hacerla, que la de hacerla y enfrentar el fracaso. Así que me aventé a hacer este disco.
¿Hubo un nuevo punto filosófico de partida sobre el cuál te apoyaste para el regreso?
Supongo que sí. Me empecé a dar cuenta lo importante que es sostener valores que son importantes para mí. De chiquito, cuando iba en primero de primaria, pensé que si tenía una banda de rock, le iba a gustar a la niña de segundo. Fueron cambiando los personajes, pero esa fue de mis más grandes motivaciones para hacer música, además de que era una escapatoria de muchos miedos.
También me gustaba hacer música porque es un momento de catarsis, reflexivo, también de querer aparentar ciertas cosas, y al final un reflejo de algo que estaba pasando en mi vida. Pero sí, si lo dices desde el punto de vista filosófico, me di cuenta de lo importante que es sostenerte, y no diluirte abandonando las cosas que son importantes para ti, que creo que es algo que pasa muchísimo.
¿Te exorcizaste al 100%? O quedaron facturas emocionales por finiquitar…
No. Suena muy arrogante decir que “vas teniendo un conocimiento mejor”. Más que exorcizarme, fue como la idea de decir: “Ok, creo que mientras tenga una mayor claridad del porqué hago las cosas, eso me va a dar más satisfacciones o más herramientas para enfrentar la adversidad de la vida”.
Al mismo tiempo, me replanteé el significado de ¿qué es adverso?, o ¿qué significa que haya adversidad? Justamente porque tenía la idea errónea de que el fracaso, o “ser un fracasado”, era lo peor que podía pasarme.
Esto me obligó a pensar, ¿cómo voy entonces a enfrentar mi vida si no fracaso alguna vez? Y además cómo transformar ese significado de negativo a positivo, que intelectualmente es una lucha, porque ya entendí que si no fracaso, no puedo aprender, o inclusive que el fracaso es lo que delimita cualquier cosa.
Pero todavía hay una parte en mi DNA que me dice “fracasar se siente mal”. Entonces, ¿cómo me empujo contra eso? Es una lucha que nunca se acaba.
Estoy viviendo un muy buen momento de mi vida, tengo todas las herramientas y un gran equipo de personas a mi alrededor. ”
¿Estás preparado entonces para enfrentarte otra vez a lo imprevisible?
Me di cuenta muy tarde de que todas las cosas que valen la pena en la vida implican persistencia. Y yo en algún momento tenía la tonta idea de que (aquí hace una pausa larga) el talento era algo con lo que nacías, o se te daba o no.
Y ahora me he dado cuenta de que el talento es algo que se construye como cualquier cosa que valga la pena. Hacer una canción que conecte implica una parte espontánea, pero implica también habilidades que se hayan construido antes, igual no tuyas, sino las de un productor, por ejemplo.
En ese sentido se me ha quitado un peso de encima. Antes decía: “esta canción tiene que funcionar”. También reconozco que la mía es una carrera a largo plazo. Entonces, sí, estoy preparado.
¿Para todo lo que venga?
No… O sí, aunque no tengo ni idea de qué es lo que venga… Estoy viviendo un muy buen momento de mi vida, tengo todas las herramientas y un gran equipo de personas a mi alrededor.
Phil Vinall, el productor del disco, ha sido una persona muy importante, fue para mí un coach de vida, ya que no solamente se involucra en la producción de tus discos, sino también en tu vida, es un gran amigo.
Es una pregunta con truco (ahora hace otra pausa, un poco más larga que la anterior), porque como no sé lo que viene, no puedo decirte nada. Pero al mismo tiempo sí, porque si sobrevives a diferentes etapas de tu vida, es porque tuviste las herramientas suficientes para enfrentártele.
¿Una nueva caída no provocaría el mismo efecto que en el pasado?
Intelectualmente no, porque ya reconoces que va a haber tropiezos. Me hubiera encantado darme cuenta antes, de que cualquier cosa valiosa en la vida implica persistencia y tropiezos, quizá muchísimos. Espero que ese reconocimiento intelectual por lo menos traiga otros resultados distintos.
Cuéntame cómo viene Nada Haces Por Mí. ¿En qué coordenadas sonoras está instalado?
El primer disco que hice con Moenia, fue una cosa inocente y espontánea y mágica e increíble, porque te metes al estudio con la única responsabilidad de hacer un disco que te guste, con tus cuates. De repente, suceden ciertas cosas y, estúpidamente, tienes una expectativa de cómo deben ser esas cosas, y empieza una presión que te va ahorcando creativamente, te va condicionando.
Hubo una época donde le huí a mi parte ochentera y a mi parte noventera, algo innegable que está en mi DNA porque ahí nací y crecí. En este disco fluyó lo que tenía que fluir, que es exactamente esa parte ochenta y noventera que tengo.
No estuve peleándome conmigo mismo de que si “esto se parece a algo que ya hice”, o repitiéndome. Entonces, me enfoqué en hacer canciones que fluyan como canciones, y que me hicieran sentir algo “bonito”.
Háblame ahora de los procesos técnicos del álbum…
Phil estuvo involucrado desde el principio, desde que estaba componiendo las canciones. De hecho, es coautor de todas las canciones, menos una. Phil tiene una parte que es increíble que te la contagie, porque es como un niño en el estudio, y los niños son creativos, no paran de investigar.
No les da miedo experimentar nada y Phil es así. Cuando ya teníamos todo el material, nos fuimos durante 10 días a una casa en Valle de Bravo para la preproducción. A la cocinera de esa casa se le debe un 50% de la inspiración del disco, ya que soy muy adicto a la comida mexicana, y ella cocinaba delicioso.
Chucho de Zoé (Jesús Báez, n. de la r.) le cayó con su novia durante unos días, y en su estancia grabó unos teclados para el disco en algunas de las canciones. También cantó en otra canción, que yo no sabía que él tuviera esa voz…
Es importantísimo salirte de tu rutina y estar concentradísimo. A mí me cuesta mucho trabajo concentrarme, soy muy reactivo. Pero fue muy sano salirnos porque ocupábamos pocas horas, pero muy productivas, para grabar este disco.
Luego nos encerramos 30 días en un estudio de la ciudad de México, y nos tardamos otros 10 días en mezclarlo. Lo masterizamos en Sterling Studios. Antes tenías que ir allá y ahora lo mandas por mail y te regresan el disco por mail, jaja.
¿Quedó algo en el disco del Bosque de Avándaro o de la presa…?
No. Nos pusimos creativos y grabamos cómo se cocinaba una sopa de fideos, pero solamente quedaron manchas de aceite en el micrófono… jaja.
Además de Chucho de Zoé, ¿tocó en el disco alguien más…?
Maricela, “María Barracuda”, grabó la voz para una canción que hice hace 2 años. Todavía ni Hot Dog creo que salía. Ella grabó algunas voces ahí… Darío, que toca con Adanowsky, y Renato Del Real, también grabaron en esa canción. Ya mezclando nos faltaba un piano que lo hizo Yamil y nos lo mandó por mail. Pocas colaboraciones pero muy valiosas.
¿Vas a salir a la carretera en formato de solista? O con una banda…
Como banda, así será.
Juan Carlos Lozano presentará oficialmente su álbum Nada Haces Por Mí el próximo 24 de noviembre en el Plaza Condesa del Distrito Federal.
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