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Por Francisco Zamudio
Fotos: Alma Curiel (Cortesía Teatro de la Ciudad)
El capitalino Teatro De La Ciudad, recibió la noche del pasado viernes un proyecto cuya principal enseñanza, bien podría ser rescatada en un futuro por las nuevas generaciones de rockeros mexicanos: rendirle honor a quien honor merece.
Las manecillas del reloj marcaban las nueve de la noche con quince minutos, mientras los fantasmas de la calle de Donceles bajaban para cubrir de sombras las bombillas del mítico recinto, inequívoca señal de que el show iniciaba.
En medio de silbidos y porras, Juan Jaime López Camacho apareció en el escenario y gritó a todo pulmón: “¡Heeey familia, danzón tarareado-medio platicado con puros arreglos a señas y a grito pelado!”
Fue el inicio de “Lo que te voy a contar”, la cual cantó con un espíritu a capela, para después calzarse una guitarra acústica y una armónica, con las que se ayudó a recrear “Hechicera”, en una interpretación bastante lastimera vocalmente.
Visiblemente contento, desde un principio Jaime hizo gala de su particular y ensortijado sentido del humor, con frases como “Detrás de cada gran marxista hay un pequeño burgués”, “Haz patria, ama a un chilango” o “México, creo en mí”, mientras cantaba la historia de su muy cábula personaje, el “Malafacha”.
Dirigiéndose al público, agradeció su presencia con un “Buenas noches damas y caballeros y todas las excepciones de la regla”. Detrás de él, Quique Rangel (Café Tacvba) en el bajo y Andrea Balency (Torreblanca) en el acordeón, ocuparon sus lugares. La “Chilanga banda” iba conformándose lentamente, poco a poco.
“Arando el aire” y “Ay, Inés” inundaron también de sonidos los palcos y las plateas. A su término, Luis Ledezma “El Children”, tomó su puesto tras la batería, y junto con los demás músicos se dejaron caer una interpretación bastante rockera de “Caite cadáver”.
El escenario del Teatro De La Ciudad, fue abrazado por un riel de filmación que transportó una cámara principal, lo cual, aunado a la presencia de varios camarógrafos diseminados por el sitio, auguran que dicha presentación será lanzada próximamente, en el 2012 quizá, en un DVD y un disco, algo que al término del concierto nos fue ratificado por el mismo Joselo Rangel.
Joselo y Ramiro Del Real, hermano de “Meme”, tecladista de Los Tacvbos, se integraron al compacto grupo, mientras acompañaban a Jaime en otra de sus canciones más celebradas de la noche, “Corazón de cacto”.
Para la siguiente canción, “Por cigarros a Hong Kong”, interpretada en clave nordaka, apareció la camaleónica figura de Rubén Albarrán. El cantante de Café Tacvba realizó un duelo de voces con López, para ver quién la hacía más aguardentosa. El público declaró un empate, mientras la rola concluía con una bizarra unión sonora entre “Louie louie” de Los Kingsmen y “Guantanamera”.
“La cale de Santa Fe”, un tema de los más recónditos y desconocidos de Jaime López, fue cantada con una muy aguda tonalidad por Andrea Balency, mientras al stage llegaron Rafael “El señor” González y Emmanuel Del Real.
Uno de los primeros momentos climáticos del concierto llegó con “A la orilla de la carretera”, del disco homónimo que Jaime editó en 1989 con una discográfica multinacional. La historia, que lleva a la vida y a la muerte dentro de un camión sobre el asfalto, provocó varios gritos de júbilo al ser una de las más conocidas.
En algún momento del concierto, Jaime López confesó que durante su carrera, ha vivido muchas reencarnaciones. Lo anterior quedó rubricado con “el bloque guapachoso” de la velada.
“Ay, ay, asústame”, “El mequetrefe” y “Ella empacó su bistec”, estas dos últimas con la nada honrosa distinción de tener los dos primeros video-clips de la música tropical en México (según Jaime), en aquellas épocas donde el cantautor tamaulipeco intentaba ganarse la vida vendiéndole su alma a Raúl Velasco en Siempre En Domingo, serpentearon con sus sonidos bailables todo el recinto, para morder los pies de la concurrencia.
El “veneno tropiloco” llegó hasta los dedos inferiores de Rubén Albarrán, enfundados en unos tenis Pan-Am de bota color verde fosforescente, quien sacó a bailar a López a la mitad del tablado en “El mequetrefe”.
Algunas referencias a la “Banda borracha” de Mickey Laure, uno de los renegados del rock and roll más deleznables de la historia, aparecieron al final de esa triada de cortes, los cuales debieran estar resguardados en un baúl blindado, junto con “La abuelita de Batman” de Botellita De Jerez y “La negra Tomasa” de Caifanes.
“Me siento bien pero me siento mal” y su planteamiento norteño, le cedió el protagonismo escénico a “La primera calle de la soledad” y al momento más celebrado por la audiencia: La interpretación de “La chilanga banda”.
Un homenaje que pudo rayar la perfección, se quedó a milímetros de conseguirlo. Si el tributo era para Jaime López, ¿por qué la versión escogida para la ocasión fue la que grabó Café Tacvba?
Empero, fue precisamente esta versión la más aplaudida por todos los asistentes. Ese 90% de la capacidad total del teatro, del cual al menos el 60% eran fans de Café Tacvba que adivinaron la presencia de todo el grupo, se paró a bailar la rola porque es lo único de Jaime López por ellos conocido, aunque todavía muchos piensan en la canción como de la autoría de la banda de Satélite.
A las 10:45 parecía que todo había terminado, pero unos segundos después llegó El Señor González al escenario acompañado de un yembe, un tipo particular de tambor, bajo cuya atmósfera sónica Jaime recreó en cumbia el tema “Knock out”.
La historia del boxeador que triunfa vendiéndole su alma a un contrato, sufrió una total transformación al pasar de su espíritu eléctrico original, a un estado acústico desprovisto de electricidad, pero cargado de unas líricas duras, golpeadoras.
“Tu maldición” (“Más mal, no me puede ir, ya estoy en un ataúd”) y “Desde mi moto”, cerraron la segunda tanda del encore. Desde sus asientos, conscientes del amplio catalogo de composiciones que posee López, los fans que conocen su obra pedían varios y varios títulos, de los cuales sólo uno les fue cumplido.
“Sácalo”, ese clásico del rock mexicano mejor conocido en la voz de Cecilia Toussaint, se transformó en una auténtica flecha-rompecorazones de cientos de personas. Seguramente, varias lágrimas rodaron por las mejillas de todos aquellos que exorcizaron al diablo alguna vez a través de su conjuro lírico.
Este inolvidable tema fue cantado en dos partes: La primera a garganta pura, y la segunda acompañado por todos sus músicos. La Chilanga Banda, ese proyecto formado ex profeso para rendirle un tributo al gran quehacer de Jaime López, concluyó así su segunda y exitosa presentación con un teatro entregado en pleno.
El precepto principal del concierto está ahí para quien desee tomar la estafeta y repetirlo con otros personajes de culto, que viven en el underground y cuyo trabajo debe ser revalorado, reconocido, o quizá simplemente conocido por las nuevas generaciones, quienes gracias a muchos de ellos, en parte, pueden dedicarse al rock and roll con mejores oportunidades de trabajo y desarrollo.
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