Toluca, Estado de México
 
     
   

 

 

 

 
 

GUILLOTINA

EL ROCK DECAPITÓ AL POP EN EL METROPÓLITAN

Por: Francisco Zamudio .......................................... ..............................Fotos: Cortesía Guillotina

 

Junio 26, 2008. México Tenochtitlan…

De los cuatro puntos cardinales, llegó hasta el Centro Histórico de la Ciudad de México un grupo de vicarios eléctricos, con la misión de celebrar una pesada liturgia. Tenían sobrados motivos para reunirse en torno al fuego de la distorsión, y entre ellos uno en particular: Cortarles la yugular a los espíritus del pop débil y pusilánime que suelen invadir de vez en vez el inmueble marcado con el número 92 de la Calle Independencia. Tras invocar durante cuatro horas y cincuenta minutos las almas de todos los Morrison, Lennon, Cobain, Bonham, Moon, Joplin, Staley, Wood, Vicious, Allin, Zappa y demás artífices del rock más combativo y poderoso del universo, los corazones y las cabezas de los fantasmas poperos, terminaron colgados de los mástiles de todas las guitarras eléctricas que rugieron esa noche, lo cual le permitió a Guillotina iniciar con la presentación de su más reciente álbum, Dispara, nada menos nada menos que con el pie derecho. He aquí la crónica.

LOS CÓMPLICES DEL EXORCISMO

Yokozuna y su psicótica forma de fabricar densas paredes de ruido, así como Hummersqueal, quien con su más reciente álbum, México, 1892, han puesto en claro que su sonido se ha endurecido bastante; pasaron por el escenario del Teatro Metropólitan dejándolo no sólo caliente, sino en pleno proceso de ebullición. Y en medio de las llamas subió Nata, el proyecto que naciera tras la separación de Cuca en 1999, para tirar 7 cañonazos de contundente rock guitarrero: Iniciaron con “Siempre entretienes”, apología a todas esas féminas cuyo horno está listo para calentar bollos cada vez que se les requiere. “Siempre me entretienes, me quieres exprimir… ¡Yeah!”, cantó Aldo Ochoa.

“Por donde vas” y “Se acabó” continuaron el set, dirigidos por el consanguíneo de Galileo Ochoa (guitarrista de Nata), quien mostró que sus alcances vocales, estrenados hace tiempo con una banda de corta vida llamada Roca Madre, se encuentran en pleno proceso de madurez, de alcanzar un sello distintivo, aunque en rolas como la que siguió en la lista, “La oración”, se nota todavía un dejo tonal inspirado en José Fors. “Nunca”, “Adrenalina” y “Tengo la razón”, ciclónico ejercicio de metal alternativo anclado con la base rítmica compuesta por Carlos Avilés y Christian Gómez, dieron por finalizada una actuación de 20 taladrantes minutos, estupenda señal de lo que estaba por venir.

DESFILE DE PERSONALIDADES

El -a veces- exasperante impasse que transcurre mientras los técnicos de las bandas hacen lo imposible, y a velocidades extremas, para que todo transcurra conforme a los planes; nos llevó a deambular por el Metropólitan, donde tuvimos la oportunidad de saludar a muchos conocidos que acudieron a festejar junto a Guillotina su más reciente álbum: Jarris Margalli, legendario guitarrista de Ninot y Jaguares, Guillermo Clemente y Ricardo Lassala, tecladista y cantante de El Clan respectivamente, una banda que acaba de editar una placa cuya portada va a causar serias controversias entre los círculos más “mochos” de nuestro país… Hugo Grob, quien alguna vez cantó asimismo con El ClanFratta… Gerry Rosado de Consumatum Est… muchas caras conocidas.

Salvador Toache, ex de Escarbarme, Lolo DeVille, bajista de los Milky Brothers… Los rostros iban y venían sin detenerse, hasta que nos topamos con Jorge Vilchis, guitarrista de La Gusana Ciega, quien fuera miembro fundador de Guillotina en aquel lejano ’93. Tras el consabido abrazo, le preguntamos si iba a subirse a “palomear” con sus antiguos compañeros, a lo que cortésmente nos contestó que… No. En seguida toda una serie de cuestionamientos surgieron por nuestra mente, aunque antes de hacer ninguna hipótesis al respecto ni ahondar en asuntos donde no nos habían llamado, quisimos saber en qué andaba metida ahora mismo La Gusana, a lo cual nos comentó que esperáramos muy pronto un disco de covers a sus más grandes influencias.

¡GUILLOTINA DISPARA!

La impaciencia feneció al momento en que las líneas del reloj pararon en punto de las 9:25 de la noche. Ahí, sobre el gigantesco y níveo telón que cubría todo el stage, apareció un video el cual, en tan sólo unos minutos, mostró imágenes extraídas del pasado a través de los clips promocionales que ha rodado la banda, mismos que cruzaron los ojos de la multitud para darle paso al video de “Cae”, primer single cortado de Dispara. Los gritos y las porras que acompañaron la transmisión, se alzaron en un estruendo cuando una potente luz iluminó el stage desde adentro: Las siluetas de Manuel Suárez en la guitarra y voz, Alejandro Charpenell en la batería, y Luis Emilio “El Manco” Riva Palacio de Icaza, se adivinaron en su interior… 3… 2… 1…

La tela cayó al piso con las primeras notas de “Última hora”. La adrenalina volvió a correr al interior del teatro mientras dos filas de amplificadores escoltaban la bataca de Charpenell, montada al menos metro y medio sobre el nivel del escenario. Sin segundos para respirar alargaron el primer golpe sónico con “Desármate”, también invocada desde Dispara, seguida de “Provocando al personal”, un retorno a ese primer álbum del grupo, histórico entre cualquiera que se haya lanzado en el rock mexicano, por ser uno de los primeros trabajos dirigidos por un orquestador extranjero, en este caso Jack Endino (productor de Nirvana, Soundgarden, Mudhoney, etc.), uno de los gruesos pilares donde descansó aquella revolución del siglo pasado mejor conocida como grunge.

¿Cómo está la banda?”, pregunto Manuel… “Lo tengo que decir de nuevo, no los oí ¿cómo está la bandaaaaa?”, volvió a repetirle al micro. “¡Qué chingón que estén todos aquí, bienvenidos! Espero que tengan ganas de cantar”, dijo, para arrancarse con “Uno más”, de su disco Mientras El Resto Sigue (1998), y retornar nuevamente a Guillotina (1994) a través de “Nunca”. Otro monumental incendio sonoro se había formado ya, y esparcía su calorífica energía por entre los pasillos del inmueble. Todos corearon al unísono “Hablando de más” y “Mientras el resto sigue” en tanto que arriba, Alejandro le asestaba a su batería sendas puñaladas con las baquetas para marcar los tiempos de “Entre una multitud”, preámbulo a uno de los momentos más celebrados de la jornada.

DE LA ELECTRICIDAD A LO ORGÁNICO… Y DE REGRESO

Desde el inicio del show, mucha gente abandonó la comodidad de su asiento. No obstante, al momento que el Suárez comenzó a cantar “No hay, lo que no quiero saber, lo que no quiero tener, si no lo quiero en mí…”, quienes todavía permanecían sentados, salieron de sus butacas disparados por un resorte: “Aquí” resonó en el aire, y las estructuras del Metropólitan se agitaron al igual que El Manco, quien saltó y brincó y se revolvió en su instrumento de un lado al otro del tablado, mientras el desilusionado mensaje de la rola flotó por entre nuestras cabezas, como recordándonos que existe un sistema de cosas que difícilmente cambiarán si no actuamos. “¡Neto!, esto está bien cabrón. Gracias a toda la banda por estar aquí”, agradeció el cantante.

“Ruinas” otro de los cortes de Dispara, no acababa de desvanecerse entre los amplificadores, y ya teníamos otra sorpresa del tipo “in your face”. De uno de sus más celebrados álbumes, el Rock Mata Pop (1996), una de las rolas que mejor resumen la filosofía de la época y el espacio donde les tocó nacer como banda: “Estoy harto”, hizo retumbar los altavoces con su lapidario manifiesto: “Ya estoy harto de tener que fingir, que me agrada la gente que está aquí (…) No me importa si quieres hoy morir, suicídate si te parece bien”. ¿Así o más “Generación apática, llámese X, Y o Z”?, ¿así o más desencanto?, ¿así o más grunge?. Y aunque Guillotina ha intentado “capotear” su nombre y su música de dicha etiqueta, está claro que son un fruto de su tiempo.

El siguiente movimiento de Guillotina fue de auténtico maestro de ajedrez: Los técnicos se apresuraron a montar una batería y unos bancos sobre el entarimado, mientras la gente se preguntaba ¿Y ahora? Lo que siguió fue una muestra de arriesgada versatilidad, al despojarse por un momento de su eléctrica piel, y mostrarse dentro de un traje electroacústico con “Todo sigue igual”, “La misma canción” y “Sin saber”. La conclusión de su apuesta unplugged marcó asimismo el fin de la primera mitad del concierto. La siguiente parte arrancó con la banda enfundada en su clásica personalidad eléctrica una vez más a través de “Ya que”, a la que le siguieron “Dejar pasar”, “Simular”, “Qué caso”, poseedora de una intro muy pearl-jamera, y “Respirar”…

 

EL PRINCIPIO DEL FIN

El grado de excitación sonora que provoca la música de Guillotina, aunado al gran trabajo de audio que realizaron sus técnicos, indujeron una reacción sensorial de máximo desfogue. En medio de ese estado, era difícil de creer, aunque las políticas represivas del teatro, casi de “no te muevas de tu lugar”, así lo establecen; que nadie a esas alturas hubiese burlado la seguridad, y apareciera de pronto con la banda saltando por el escenario. Finalmente sucedió en “Cuando queremos creer”… Un chavo de las filas delanteras, le ganó la estratégica partida a la fila de seudo-orangutanes que lo separaban de su grupo favorito, y se apropió por unos segundos del show mientras brincaba junto a Suárez y El Manco, quienes celebraron la audacia.

Una manta amarilla con el logo de Dispara, descendió detrás de la batería al igual que “Cae”, su primer sencillo. “Sigue descifrando mientras sigue tropezando, sigue caminando… Mientras tanto cae”, cantaba Manuel con una rabia que se le reflejaba en las venas del cuello; la película del concierto estaba próxima a cumplir las dos horas de rodaje, y el esfuerzo se veía ya en su cara. “Pierdo el aire” y “Nacimos muertos”, cuyo final por momentos hizo recordar la ferocidad de Motörhead, observaron en silencio cómo los miembros de Guillotina decían adiós, y desaparecían hacia un lado del stage con rumbo a los camerinos. Por supuesto que los reclamos de “Guillotina, guillotina” hicieron su trabajo, y la banda regresó… o mejor dicho… sólo Manuel...

Rasgando las cuerdas de una acústica, el front-man de Guillotina inició su recorrido vocal por “No da igual”: “Lo que hay no está mal, lo que dejes atrás ya no está… Si te vas… al final… lo que esperas hallar no estará…”, cantaba, en tanto que Charpenell y El Manco tomaban lugares estratégicos para cambiar bruscamente el idilio orgánico en una vigorosa ráfaga de electricidad y distorsión que partió en dos la rola. Dicho torbellino de señorío decibélico continuó sintiéndose en “Presa” y “Somos más”, donde Suárez le aventó al público un speech que podría resumirse en “Debemos darnos cuenta de que somos más, y vamos a evitar que este mundo se vaya a la chingada”, proclamó. Acto seguido se dirigió otra vez a los vestidores. ¿El final?

UN GRAND FINALE

Algunas luces blancas parecían prenderse dentro del Metropólitan, señal inequívoca de que todo había concluido. Empero, una vez más el power-trío emergió de entre las sombras para cerrar su huracanada presentación. Pero antes de la música llegó un mensaje de parte del Manco, el cual tenía que ver con crear conciencia acerca de la represión y violencia que el estado mexicano ha dejado caer sobre las comunidades zapatistas del país. Recargado tras los amplificadores, se observaba a un Suárez exhausto, quien retomaba el aliento pidiéndole a sus pulmones abrirse más, para recibir el aire que le permitiera concluir una misión, cuyas ultimas instrucciones traían grabadas en clave las palabras “Ridículo” y “Otra vez”, los últimos tracks del set list. El último acorde de la velada cubrió a los asistentes al Metropólitan alrededor de las 11:50 de la noche. Casi 150 minutos de poderío rockero habían, ahora sí, alcanzado su cometido, y lo habían hecho con los ingredientes necesarios para metamorfosear un concierto más en un evento inolvidable. Así, y de la mano de una exitosa presentación, inició Guillotina un camino de celebración, uno que los llevará a diferentes lugares y distintas latitudes en lo que resta del año, porque no sólo cuentan con un nuevo álbum en su palmarés, sino que también cumplen 15 años de engalanar con su nombre la extensa marquesina del rock mexicano. Y eso, en un país donde el género no figura entre lo “más popular”, es realmente algo que debe elogiarse… y festejarse junto con ellos.

 



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