HUMMERSQUEAL°
MÉXICO, 1892
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Por: Francisco Zamudio
A diferencia de su álbum anterior, Di. Helo, 2004, donde en su versión original (volvió a editarse con material extra) aparecía empotrada en un marco de fondo gris-plateado, una fotografía de la banda instalada cómodamente sobre un mullido sillón; para su nuevo material en estudio le apostaron a una elegante y absoluta parquedad estilística, carente de florituras o estrambóticos adornos.
A la usanza de álbumes clásicos tipo The Beatles, mejor conocido por la historia como El Álbum Blanco; o Metallica, cuya lóbrega coloración le hizo poseer el sobrenombre de El Álbum Negro, Hummersqueal te invita a descubrir los “comos” y “porqués” de haber rotulado así su nuevo álbum, tarea cuya complejidad seguramente te llevará algo más que una simple mirada.
Mi score- 9
La sobriedad permea todo el disco, así que el booklet no existe como tal. Sólo aparece una baraja formada por cuadros francamente perturbadores, donde la naturaleza animal termina vengándose de eterno depredador: La raza humana. De esta forma, podemos observar la figura de un hipopótamo mientras engulle a un ser humano, en tanto que la siguiente imagen muestra, cual grabado extraído de la legendaria Los Pájaros, inolvidable cinta del maestro Hitchcock, a un par de aves que se abalanzan con sus garras sobre un pobre mortal.
Las siguientes pinturas no ofrecen ningún tipo de descanso visual, continúan transmitiendo un mortífero mensaje. Así, un lobo muerde el brazo de un joven y, si le cambias de página, puedes observar a un gran oso a punto de atrapar entre sus fauces a un hombre mayor, quien coincidentemente se muestra muy entrado en carnes. Las últimas dos placas; la de un lunático corcel que mantiene atrapado entre sus patas a un adolescente, y el indigente aprisionado entre las escamas de una serpiente coralillo, provocan escalofríos.
Ahora, ¿qué tiene de especial el año de 1892 para México? Se vivía el tiempo de la dictadura de Porfirio Díaz, quien con mano de hierro trataba de mantener la paz en el país, ya que sin ella, difícilmente atraería la inversión extranjera a un México vapuleado por sus deudas a nivel internacional. En ese contexto, aquel año trajo por ejemplo la inauguración de Ferrocarril interoceánico en su ruta de México a Veracruz, con la idea de unir posteriormente al Puerto de Acapulco, algo que nunca pudo lograrse.
¿Y qué tiene que ver esto con el disco?. El arte y el diseño de Manuel Bueno, ofrecen nulas pistas o puntos de concordancia para entender ese aspecto. Lo único que vamos a encontrar en la parte posterior de sus grabados, son las letras de las canciones que componen este trabajo, así como otros dibujos los cuales, paradójicamente, sí nos regalan algunas huellas para seguir el rastro, o entender los “porqués” de los brutales ataques representados en los trazos ya antes narrados. Al final… un signo de interrogación se dibuja en la cara.
Mi score- 7
Si hubo quien los consideró como una banda de rock alternativo con toques emo, debe escuchar este álbum con la óptica de alguien dispuesto a descubrir, y lo que es mejor, encontrar, cambios de dirección. México, 1892 es un álbum de transición. Así se hace notar desde “Jarco”, el tema instrumental que abre las hostilidades en base a un chispeante juego de guitarras, las cuales se entrelazan en unas coordenadas próximas a la alternatividad, escapadas por momentos hacia unas turbulentas praderas donde pastan los toros del heavy metal y el hardcore. Es un inicio poderoso, golpeador de rostros y labios.
“Helicópteros” por su lado, cabalga sobre unos aires guitarreros extraídos del U2 más ambiental, en tanto se hace acompañar de una letra gritada a dos voces, muy probablemente dirigida a ese periodo de nerviosismo y desesperación que antecede cualquier declaración de amor: “Quisiera darte todo… Yo ya no tengo que esperar (…) No tengo miedo de lo que vendrá”, puede escucharse a través de nuestras bocinas, mientras la música le otorga el eco preciso de ímpetu que la lírica requiere. ¿Hay en las letras del álbum algo que haga juego con su título? Por más que buscamos…No encontramos nada.
“De tenerte” es una especie de galimatías letrístico. Desde su título mismo posee dos interpretaciones completamente distintas. Gracias a eso la letra se salva de cualquier interpretación literal, con lo cual puedes pasarte varios minutos en la búsqueda del mensaje que realmente trataron de transmitir. Aquí la melodía envuelve gran parte del tema, otorgándole un balance ideal para transformarse en tema promocional, para la radio… De hecho lo es. “1992” es el siguiente corte: ¿Y el disco cómo se llama? Pues 100 años más tarde llega una crónica de una relación disfuncional, donde terminaste por ceder.
Golpe y caricia, vigor y dulzura, fuego y agua… Una superposición rítmica entre la pesadez y la liviandad. Eso y más, como las referencias a la forma de cantar de Manuel Suárez (Guillotina) que aparecen en “De tenerte” y “Te quiero ver”, o también el puente sónico “neo-pacheco” construido entre el final de “S.H.” y el acústico track oculto que aparece en el crepúsculo de los surcos digitales; podrás encontrar en este trabajo producido por Jerry Rosado (La Gusana Ciega, Descartes a Kant, San Pascualito Rey), y mezclado por Matt Bayles (Pearl Jam, Soundgarden) en Seattle ¡A rockear¡
Mi Score- 8
DE TENERTE : No por nada fue elegida como primer single. Representa fielmente los cambios estilísticos de la banda, y el espíritu global del álbum.
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