JUGLAR URBANO
Las crónicas antiguas refieren que en la Europa medieval, existieron unos personajes llamados Juglares, quienes viajaban de pueblo en pueblo con una sola misión: entretener a la gente. Se dice que poseían habilidades para tocar instrumentos, cantar, contar historias, leyendas, poemas, o cualquier otra actividad que arrancase una sonrisa a su auditorio. Aunque se diferenciaban de los trovadores por sus orígenes más humildes y no ser autores consumados, ciertamente existieron quienes desarrollaban su material original.
Contar historias acompañado casi siempre de su guitarra acústica, es precisamente lo que hace Rafael Catana Cruz, nacido en Veracruz, Ver., un 20 de julio de 1955. A la edad de 5 años llegó al Distrito Federal y entre 1980 y el ’81, cursó estudios de guitarra en la Escuela Nacional de Música, aunque sería en el CEFOL (Centro de Estudios del Folklore Latinoamericano), donde su interés por la música creció mientras conocía a gente como Cox Gaitán (ex La Barranca), Eblen Macari, o bandas tipo Un Viejo Amor y La Nopalera.
En 1984 fundó, junto con Rodrigo González, Fausto Arellín, Roberto González, Roberto Ponce, Nina Galindo y Eblen Macari, el “Colectivo Rupestre de los Cantantes Errantes”. Aquel conglomerado de músicos le dio paso al nacimiento de un nuevo estilo en la marquesina del rock mexicano, el llamado “Rock rupestre”, analogía sonora con el folk donde la guitarra y la voz componen la columna vertebral donde se sostienen las líricas, casi generalmente pequeños espejos donde se refleja la crudeza de la vida en las grandes ciudades.
Hacia 1986 le dio vida al grupo Rafael Catana y Malacatonche, junto con el pianista Pedro Alejos, el baterista Roberto Hernández, el saxofonista Mario Mota (Ex Gore Matraca), y el bajista Rolando Izita. Con ellos grabó un cassette en vivo en Rockotitlán. Para 1988 el movimiento rupestre se movía al margen del llamado boom del “Rock en tu Idioma”. No obstante, algunas de sus canciones llegaron hasta Espacio 59, estación hermana de la mítica Rock 101, donde el peso de la programación le estaba dado al rock en español.
En 1990 lanzó otro cassette denominado Un Gato De Corazón Púrpura, con el sello independiente Cintas de la Imaginación, introduciéndose ese mismo año a los Estudios Tequila al lado de una pléyade de estrellas como Jaime López, Nina Galindo, Julio Morán (ex Sangre Asteka) Carlos Castro (ex Chac Mool), José Luis Domínguez (músico de Cecilia Toussaint), Javier Villa (ex Ritmo Peligroso), Fausto Arellín, Jorge García Ledezma (Follaje) y Juan Valdés (QEPD), con quienes le dio vida a su primer álbum de larga duración.
Con la idea de recuperar la herencia musical de la trova y el son veracruzano, mezclada con la música norteña y el rock; Catana inició un periplo por espacios culturales, teatros, bares y cualquier otro sitio donde poder mostrar su trabajo: De la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes y el Auditorio Nacional, hasta el Multiforo Alicia o el Bar Las Hormigas; de la librería El Sótano a la Escuela de Medicina Veterinaria en Guadalajara, del Teatro del Centro Cultural Universitario en Cuernavaca al bar el Ahuizote en Aguascalientes.
En 1993 forma otra agrupación, Rafael Catana y las Finísimas Personas con el bajista Miguel Ordóñez (Trolebús), el baterista David Rivadeneyra (Helicón), y el guitarrista Daniel Rivadeneyra (ex Delirium). El proyecto concluyó si vida activa tiempo después, y hacia 1997 lanza otro álbum, una pieza electroacústica con influencias sonoras provenientes del norte del país, el jazz y el folk, para lo cual se hizo acompañar de los hermanos Rivadeneyra, José Luis Montiel, Federico Luna, Steven Brown (Tuxedomoon), Domingo Suárez, José Domínguez, Julio Morales, Miguel González y Silvia Ávalos.
Juglar urbano que continúa en la búsqueda incansable y perpetua de canales de expresión, ha fungido asimismo como locutor radiofónico, recordándose su espacio denominado Pueblo de Patinetas, transmitido por Radio Educación. En el 2001 editó un disco más, y aunque desde entonces no ha lanzado otra placa, su nombre se puede ver constantemente en los carteles donde la pandilla rupestre se aliste, con su particular prosa, a envolver los oídos de aquellos que pretendan desintoxicarse de vez en vez de los sonidos mainstream.
Algunas de sus composiciones han sido grabadas por gente como Nina Galindo o Armando Rosas.
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